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La inseguridad alimentaria en el mundo

El informe del WWI destaca como los principales problemas que amenazan la seguridad mundial al petróleo, agua, alimentos y enfermedades infecciosas

El World Watch Institute presentó el pasado 12 de enero simultáneamente en Washington y Barcelona a los medios de comunicación su informe anual sobre el estado del mundo. State of the World 2005 denuncia que las crecientes inversiones en materia de seguridad no se traducen en una mayor sostenibilidad del planeta. El acceso a agua potable y la escasez de alimentos en grandes regiones del planeta continúan siendo motivo de una «inseguridad rampante».

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 15 de febrero de 2005

La sostenibilidad y el sentido común político rigen los principios por los que el World Watch Institute, con sede en EEUU, lleva a cabo cada año un escrutinio de la situación poblacional, económica, sanitaria y medioambiental del mundo. El objetivo es evaluar los riesgos y la eficacia de las decisiones tomadas por los gobiernos y agencias gubernamentales. El informe publicado en 2005 hace hincapié en la contradicción que supone dedicar más y más esfuerzo político y dotación presupuestaria a la seguridad, toda vez que las medidas tomadas alimentan una inseguridad aún mayor.

En el preámbulo del informe, el padre de la perestroika, Mikhail S. Gorbachev, recuerda que en 2000, 191 estados miembros de la ONU se comprometieron a una hoja de ruta para 2015 en cuya letra se daba cabida a una erradicación de la pobreza extrema y el hambre, así como un afianzamiento de la sostenibilidad global. Esos objetivos, además, fueron ratificados hace unos meses con motivo del décimo aniversario de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo.

Pobreza y sostenibilidad

Gorbachev insiste en que pese a los avances conseguidos tanto en el terreno científico como diplomático, no hay demasiado margen para el optimismo. La extrema pobreza sigue hipotecando el progreso en muchas áreas del mundo. Enfermedades como la transmisión del VIH/SIDA evolucionan al alza y constituyen auténticas «bombas de relojería» sanitarias para muchas comunidades humanas.

El WWI apuesta por consumir lo que viaje menos, los productos más cercanos y propios de cada región y estación del año, sobre los que el control es más fácil Tan sólo en 2004, cerca de 20 millones de niños y niñas murieron a causa de enfermedades prevenibles, toda vez que cientos de millones de personas siguen hacinados en zonas sin acondicionamiento de agua corriente ni garantías sanitarias suficientes. Para todos ellos el acceso a agua potable y a comida en cantidades suficientes constituyen su prioridad en materia de seguridad alimentaria.

El ex mandatario ruso celebra en su preámbulo la concesión el pasado año del premio Nobel de la Paz a Wangari Maathai (Kenya), «una mujer cuya lucha y liderazgo en el continente africano señalan hacia qué parte deben orientarse los recursos mundiales en aras de una mayor seguridad y sostenibilidad».

Gorbachev suscribe que la paz y la seguridad mundiales son objetivos a conquistar en el presente siglo, pero advierte que lecciones tan rágicas como los ataques terroristas de Beslan en Rusia o la violencia irrefrenable en Oriente Medio «ponen de relieve que ya no sirven más las recetas políticas aplicadas en tiempos de la guerra fría». Gorbachev escribe: «Los políticos deben mentalizarse de que la mejor lucha antiterrorista es terminar con la pobreza y las injusticias, a la vez que requerir una sostenibilidad en las decisiones y acciones tomadas o por tomar».

Agua y alimentos

El arquitecto de la noción de sostenibilidad y coordinador del informe del World Watch Institute (WWI), Erik Assadourian, estuvo presente en Barcelona para debatir la razón de ser de un futuro sostenible. Assadourian alabó el esfuerzo en política exterior de países como Suecia, cuyas relaciones comerciales, ayuda exterior o apoyo sanitario a los demás países se rige, bajo regulación parlamentaria, por estrictos criterios de sostenibilidad mundial. Animó a que campañas como la de destinar el 0,7% del producto interior bruto a la erradicación del hambre y la pobreza o la aplicación del protocolo de Kyoto sobre medio ambiente tomen cuerpo en todos los países occidentales.

Recordó asimismo que la escasez de agua potable o la deforestación siguen siendo prioridades inmediatas a reforzar en todos los propósitos de ayuda exterior. Aseveró, incluso, que tragedias como la de los tsunamis en el sur de Asia pudieran haberse evitado de velar más activamente por evitar la deforestación en las zonas afectadas.

No escapó Assadourian a la crítica hacia EEUU y sus aliados por el énfasis puesto en la solución militar al terrorismo: «La pobreza, las enfermedades y la degradación ambiental son el auténtico eje del mal en esta crisis de seguridad abierta a raíz de los atentados del 11-S».

Para el coordinador del WWI, los verdaderos problemas que amenazan la seguridad mundial son: petróleo, agua, alimentos, enfermedades infecciosas y desempleo juvenil. Recordó que 434 millones de seres humanos hacen frente a una escasez de recursos hídricos, que 2.000 millones padecen hambre o un déficit nutricional crónico y que, al mismo tiempo que nuevos patrones de infección emergen en zonas tenidas por fuera de peligro, cerca de 40 millones de seres humanos han sido infectados por el VIH. Asimismo, muchos países pobres asisten a un crecimiento de los jóvenes de entre 15 y 29 años que, en algunos casos, llega a la mitad de la población censada. Jóvenes, dijo, «sin recursos ni esperanza de futuro».

UNA CESTA DE LA COMPRA SOSTENIBLE


- Imagen: WHO/P.Virot -

El World Watch Institute no se limita a censurar o a lanzar campanas al vuelo, sino que propone en su anuario una serie de medidas que abarcan de los gobiernos a los consumidores. Según el Instituto, las facilidades abiertas al tráfico internacional conllevan una trazabilidad mucho más difícil de los alimentos, a la vez que generan condiciones de explotación no siempre transparentes. La filosofía del WWI apunta a consumir lo que viaje menos, los productos más cercanos y propios de cada región y estación del año, sobre los que el control es siempre más fácil.

«Comer no es una opción política, sino una necesidad», destaca el WWI en su informe, pero los consumidores «tenemos el derecho y la responsabilidad» de escoger cómo se elaboran y producen los alimentos consumidos.

La política agrícola de la Unión Europea, por ejemplo, vela por una transparencia, precio justo y seguridad de los alimentos comercializados en los territorios comunitarios, pero vende sus excedentes a países en desarrollo a precios por debajo del coste de producción, lo que lleva a muchos campesinos de esos países a la ruina. Este fenómeno, conocido como dumping, contradice los principios de sostenibilidad planetaria. Por otro lado, las empresas mayoritarias del sector de la alimentación obligan, en función de la demanda de los consumidores, a que los países del Tercer Mundo se especialicen en productos exclusivos para la exportación, en detrimento de los de consumo interno.

En ese orden de cosas, denuncia el WWI, los alimentos viajan cada vez más y más lejos, escapando a muchas medidas de control protocolizadas. El Instituto advierte que, desde 1960, el valor del comercio alimentario internacional se ha triplicado, toda vez que el volumen de producción se ha cuatriplicado, sin que dichos incrementos hayan tenido su efecto sobre la erradicación del hambre, sino más bien al contrario. Las personas que consumen productos de su tierra, reconoce el WWI, ayudan al ahorro de mucha energía, a la reducción de muchos gases de efecto invernadero y al control sanitario y de calidad de los productos consumidos.

El escritor Eduardo Galeano, adalid también de la sostenibilidad mundial y del compromiso del norte hacia el sur, recuerda que desde que China, el mayor país de la Tierra, abrió sus puertas a la economía de mercado, su menú tradicional de verduras y arroz se ha visto progresivamente desplazado al de las hamburguesas, y con el tiempo la diabetes o la obesidad han pasado a convertirse, por primera vez en milenios, en una epidemia nacional. «Mientras tanto», escribe, «los subsidios que recibe cada vaca europea o americana duplican por término medio la cantidad que puede ganar un agricultor o ganadero del Tercer Mundo por todo un año de trabajo."



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