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Los casos de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) registrados en el ganado de EEEU y Canadá recientemente no deberían provocar alarma entre los consumidores y los productores, reconoce la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), así como tampoco el único caso de EEB confirmado en una cabra en Francia.
Para Andrew Speedy, experto de la FAO en producción animal, "los tres casos que hubo en Canadá y el que se presentó en EEUU en un animal importado son incidentes aislados". Para la organización es necesario adoptar un enfoque científico constante en los países libres de esta enfermedad. Entre las medidas de lucha están la identificación de los animales mediante etiquetas en las orejas o sistemas electrónicos, elaboración de registros nacionales y documentación de los desplazamientos, aplicación obligatoria de análisis cuando se sospeche que algún animal pudiera tener la enfermedad, y campañas de sensibilización general, en especial entre los productores y los veterinarios.
Speedy admite que "sigue sin conocerse plenamente la EEB ni la forma de detectarla y combatirla". La FAO colabora con expertos suizos para impartir capacitación general y al personal veterinario de otros países, en Asia, Europa oriental, América Latina y el Cercano Oriente, en métodos de diagnóstico, vigilancia y prevención.
Salto de especies
La cabra a la que se ha diagnosticado EEB en Francia ha sido el primer animal destinado a la producción de alimentos, aparte de los bovinos, que ha contraído naturalmente esta enfermedad. Se creía que las ovejas y las cabras sólo eran susceptibles de sufrir de tembladera, que es una enfermedad distinta de la EEB y se considera que no se contagia a las personas. Sin embargo, la FAO hace hincapié en que se trata de un ejemplo entre millones, y que esa cabra nació antes de que Europa impusiera la prohibición total de alimentar al ganado con harina de huesos, en enero de 2001.
Para Speedy, para combatir la EEB "no basta con prohibir la carne y las harinas de hueso de los rumiantes" ya que asegura que "en los molinos donde se elaboran los piensos puede haber contaminación entre los productos, así como durante el transporte y en la granja. En Suiza se ha demostrado que es necesario prohibir por completo la utilización de harinas de hueso para impedir la transmisión de materiales infecciosos".
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