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Geoffrey Podger, director ejecutivo de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria: «La seguridad alimentaria es básica para mejorar la salud pública»

Geoffrey Podger, director ejecutivo de la EFSA sostiene que Europa precisa de consumidores más y mejor informados. La Agencia, asegura, tendrá el poder y los medios para intentar mejorar la confianza del consumidor en la cadena alimentaria.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas en inglés) está en marcha. De forma renqueante y bajo el mando del británico Geoffrey Podger la UE se ha dotado de una agencia de control que se echó en falta en el pasado. Podger visitó recientemente España para presidir en Madrid la reunión de representantes de las agencias de seguridad alimentaria de la UE. Amable, irónico, brillante y políglota (habla francés, alemán e inglés, cosas rara en un británico), Podger viene de la agencia británica de seguridad alimentaria, que dirigió tras la crisis de las vacas locas. Asegura que de aquella crisis aprendió que «la opinión pública no quiere paternalismos, sino que se le expliquen las cosas tal y como son». Lamenta los retrasos en la puesta en marcha de la EFSA y asegura que no será una agencia de burócratas. A falta de sede definitiva, por la que pujan Helsinki, Parma y Barcelona, Podger, diplomático, se decanta por todas y por ninguna.

  • Autor: Por RAFAEL MÉNDEZ
  • Fecha de publicación: 18 de septiembre de 2003

¿Cuáles son sus principales objetivos con la EFSA?

El primero es ser capaces de establecer bases científicas sólidas sobre los posibles riesgos alimentarios y facilitar el intercambio de información entre los países miembros. La falta de información es una de las lecciones de crisis pasadas. Tenemos que montar un sistema desde cero para mejorar la confianza del consumidor en la cadena alimentaria. Además tenemos que estar preparados para reaccionar ante cualquier crisis.

¿Existe alguna materia a la que presten especial atención? ¿Hay algún objetivo científico sobre el que quieren empezar a trabajar?

No, en este trabajo no sabes por dónde va a venir el riesgo. Tienes que estar preparado para lo inesperado. Nos preocupa todo: el exceso de antibióticos, la archilamida, los organismos modificados genéticamente... No podría seleccionar un área. Hemos creado comités científicos para todas ellas, porque no hay una sola en la que podamos descuidarnos.

Ustedes decidirán cuál es el riesgo de los alimentos y serán los encargados de comunicarlo, pero no tienen capacidad de gestión sobre las crisis, que dependerá de las agencias nacionales. ¿Por qué esta división?

«La comunicación fue un desastre en Europa con las vacas locas y costó mucho que la gente recuperase la confianza en el sistema de alimentación» Es una división deliberada. Creemos que es bueno que un organismo independiente y a un nivel superior decida cuál es el riesgo en una determinada crisis e informe a la opinión pública. El otro modelo, como la agencia británica que yo dirigí, y en el que el mismo organismo establece el riesgo y actúa, también tiene ventajas, porque es más directo, pero la división actual me parece la adecuada para Europa.

¿No teme la falta de poder? ¿No preferiría tener dientes y poder actuar, como la FDA en Estados Unidos?

La información y el decidir qué es peligroso y qué es seguro es en sí mismo un poder enorme. No es la falta de poder lo que me preocupa, sino poder utilizarlo bien, de forma responsable.

¿Cómo les han afectado los retrasos burocráticos?

Ha habido retrasos por disputas entre la comisión y el consejo de ministros y problemas con el presupuesto y es una lástima, pero ahora estamos empezando a pisar el acelerador para tenerlo todo a punto. Hemos creado los comités científicos, que es el primer paso. Estamos en el buen camino. Y ya hemos contratado a unas 100 personas.

Usted accedió a la dirección de la agencia británica tras la crisis de las vacas locas. ¿Qué se trae de allí? ¿Cuáles son las lecciones de esa megacrisis?

La primera lección es que la opinión pública no quiere paternalismos, sino que se le expliquen las cosas tal y como son. Cuáles son los riesgos, cuáles los problemas y qué se puede hacer. Sin ocultar nada y sin añadir nada. La comunicación fue un desastre en toda Europa con las vacas locas y costó mucho que la gente recuperase la confianza en el sistema de alimentación. Ésa fue nuestra principal tarea. La segunda lección, que es consecuencia de la primera, es que la gente no quiere que los políticos le informen sobre los problemas de seguridad alimentaria. La gente no cree a los políticos en estas cosas. Quiere que se dediquen a la política, pero que los riesgos los informen agencias independientes y preparadas. Y la tercera es que hay que estar abierto a cambiar la opinión científica sobre cualquier asunto si las pruebas lo indican. No hay que tener ninguna idea preconcebida sobre los riesgos y los mecanismos de actuación.

En España está recién creada la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y además están apareciendo agencias regionales. Unido a la europea, ¿no puede suponer un exceso de organismos para un mismo problema?

«La opinión pública no quiere paternalismos, sino que se le expliquen las cosas tal y como son» No es un problema sólo de España. Los países se están descentralizando y en la mayoría, como en el Reino Unido, están apareciendo agencias regionales de seguridad alimentaria. No me preocupa si conseguimos coordinarnos bien. Es importante tener gente a nivel local que puede detectar y explicar in situ los problemas. La agencia europea podrá hacer estudios que a nivel nacional no tiene sentido porque son muy caros o muy difíciles.

Pero a la hora de comunicar los riesgos, ¿no estarán ustedes muy lejos del ciudadano? Quiero decir, ¿un consumidor sentirá cercana una agencia supranacional?

Ése es uno de los problemas que tenemos. Yo mismo vengo de un país que no es precisamente europeísta y sé que mucha gente no se fía de las instituciones de Bruselas. Por eso la mayoría de las informaciones no las daremos nosotros directamente, sino a través de las agencias nacionales. En el caso español, de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria.

La agencia tendrá unas 250 personas, 40 millones de euros de presupuesto. Eso es mucha gente y mucho dinero.

La seguridad alimentaria es uno de los pilares básicos para mejorar la salud pública y la Unión Europea se ha dado cuenta. La alimentación de la gente va a peor. Países como España, con una tradición de dieta mediterránea, se están desplazando a peores alimentaciones, como la de mi país. Y también tenemos que incidir ahí. Necesitamos consumidores mejor informados y optimizar los recursos económicos disponibles.

¿Cómo?

La idea es que nosotros podemos hacer estudios científicos para todos los países que no serían asumibles por cada Estado por separado. Podemos disminuir el número de controles al centralizar los que sean muy caros para ahorrar costes. Y la industria se puede ahorrar dinero si conseguimos procedimientos centralizados de aprobación de nuevo métodos y alimentos.

Ha hablado de consumidores mejor informados, ¿cómo pretenden hacer eso?

Un ejemplo es el etiquetado. No es nuestra competencia, pero Europa debe mejorar el etiquetado de los productos, porque así éstos mejoran su contenido. Estados Unidos ya ha comenzado a etiquetar el contenido en ácidos grasos trans, y hay que ir en esa dirección de informar más y que sea de forma comprensible para los ciudadanos.

¿Cómo le afectará la ampliación de la UE? Entrarán países cuyas exigencias en seguridad alimentaria y el nivel de sus controles son menores.

Es bueno que estén ya integrados en la agencia. Es cierto que muchos no cumplen con algunas de las exigencias comunitarias, pero gracias a su entrada irán aumentando en su cumplimiento de las directivas europeas.

¿No teme que si las normas son demasiado exigentes, se conviertan en algo ficticio que muchos países, incluido España, no puedan cumplir?

Hay dos formas de verlo. Cuando los niveles que marca Europa son muy exigentes, muchos países tienen problemas para cumplirlos. Le pasa a todo el mundo. A nosotros nos pasaba en la agencia británica de seguridad alimentaria. Y eso es malo. Pero a la vez hace que todo el mundo se esfuerce y poco a poco se va acercando a las normas europeas. Así que unas normas duras son buenas. Ocurre algo similar con las normas medioambientales. El endurecimiento desde Bruselas, hace que se mejoren los parámetros, aunque no se cumplan todas las normas. Y eso sirve también para los países candidatos.

«BARCELONA ES UNA CANDIDATURA MAGNÍFICA»


Barcelona aspira, junto a Parma y Helsinki, a ser sede de la EFSA.

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria es la falta de sede. Las disputas políticas entre los miembros de la UE han impedido un acuerdo. Tres ciudades pugnan por albergar la organización: Helsinki, Parma y Barcelona. Hasta que se resuelva el problema, la agencia ha arrancado a andar en Bruselas. Y no hay fecha para la mudanza.

«La decisión será política, no nuestra, y no sabemos cuándo tendremos una sede definitiva», señala sonriente Geoffrey Podger. Sabe que el tema de la candidatura de Barcelona es inevitable. Y se adelanta: «Hay tres candidatas magníficas, como lo es Barcelona, y eso puede escribirlo». Lo que puede decir algo y nada. Y no hay quien le saque de ahí. Sabe que cualquier palabra puede ser interpretada. O malinterpretada. «Personalmente no tengo preferencia por ninguna de ellas. Todas pueden ser muy buenas sedes», subraya.

Lo que sí deja claro es que la sede no se puede dividir. Hace unos meses sonó que Parma y Helsinki podían compartir la agencia gracias a un acuerdo entre los respectivos gobiernos. «La agencia tendrá una única sede», sentencia Podger.



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