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La mayor parte de las infecciones alimentarias son leves y remiten en 24 o 48 horas. Existen, sin embargo, síntomas que delatan su gravedad. Cuando aparezcan, lo mejor es acudir al médico sin dilación.
Ante la mínima sospecha de una toxiinfección alimentaria no hay mejor consejo que acudir lo antes posible al médico de cabecera. Conviene, sin embargo, saber identificar los síntomas y atender pautas de comportamiento que ayudan a afrontar adecuadamente el problema.
Si bien en la mayoría de las ocasiones cuando se sufre una infección al consumir un alimento en mal estado o contaminado los síntomas son leves y no es necesario acudir al médico, se debe prestar especial cuidado si coincide con algunas de las siguientes circunstancias:
En todas estas circunstancias hay que acudir al médico para identificar el problema. Será él quien decidirá cómo actuar y el tratamiento al que hemos de someternos. Siempre que sea posible, si se sospecha cuál es el alimento que ha provocado la toxinfección, conviene no arrojarlo a la basura por si fuera necesario analizar una muestra. Hasta que se descarte esa opción, el alimento dudoso ha de mantenerse aislado y envasado en plástico o papel de aluminio.
Una intoxicación grave presenta síntomas característicos. Estos comienzan a las pocas horas de consumir un producto contaminado. Si bien coinciden en términos generales con las infecciones (fiebre, vómito, diarrea), le acompaña una, al principio leve, pérdida de capacidad visual. El afectado, aunque es capaz de ver, pierde agudeza visual.
Si el malestar aparece tras el consumo de una conserva hay que acudir de inmediato a un servicio médico, en especial si los síntomas se agudizan. Aunque se trata de intoxicaciones poco frecuentes, suelen ser graves: si no se trata a tiempo puede producir una parálisis generalizada de la persona, con la consiguiente muerte por asfixia al inmovilizarse los músculos respiratorios. En estos casos el agente responsable es Clostridium botulinun, presente en conservas caseras en mal estado.
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