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Sólo uno de cada siete productos alimenticios lleva la información sobre el tipo de grasas de las que está formado. Los pocos productos que llevan esta información contienen grasas "nobles" como los aceites de oliva, girasol o maíz y mantequilla, según un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
La organización asegura además que la mayoría de los productos contienen grasa de palma, lo que indica que sólo la cuarta parte de los productos utilizan aceites vegetales saludables. El análisis, hecho sobre la naturaleza de las grasas de 50 productos, demuestra también que sólo 12 de los productos analizadas presentan un perfil de grasas equilibrado, bajo en grasas saturadas. La OCU denuncia de forma especial la idea de que la indicación de "grasa vegetal" en el listado de ingredientes de un producto alimenticio no es garantía de grasa cardiosaludable.
Los productos analizados son de gran consumo, especialmente entre la población joven. Así, se han analizado aperitivos, patatas fritas, pan de molde y tostado, bollería y respostería y galletas. De todos estos alimentos, sólo una cuarta parte de los productos emplean aceites vegetales cardiosaludables. Casi tres de cuatro alimentos usan grasa de palma, que puede aparecer sola o mezclada con aceites de girasol, soja o maíz. La OCU asegura que, a pesar de ser vegetal, la grasa de palma presenta niveles elevado de ácidos grasos saturados, poco aconsejables para la salud cardiovascular.
José María Múgica, director general de la OCU, afirma que "muchas listas de ingredientes esconden detrás de la indicación de grasas vegetales, grasas nada beneficiosas para la salud cardiovascular y lo hace pretendiendo dar a entender una bondad derivada del uso del término vegetal". Múgica asegura además que "los consumidores debemos tener claro que cuando un fabricante no identifica la grasa que usa, lo normal es que esté utilizando grasas poco recomendables".
Tras los resultados, la OCU establece la necesidad de modificar la norma 1334/1999 sobre etiquetado y publicidad de productos alimenticios, limitando el tipo de grasas que se pueda utilizar en función de sus efectos para la salud cardiovascular y estableciendo la obligación de identificar en sus etiquetas las grasas que utilizan. La OCU ha presentado la solicitud de modificación a los Ministerios de Sanidad y Consumo y de Agricultura, Pesca y Alimentación.
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