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La compra es un acto al que a menudo no damos la importancia que se merece. Por lo general, nos preocupamos de los precios pero pocas veces prestamos atención a otros detalles que influyen directamente en la seguridad de los alimentos que adquirimos. Unos pocos consejos pueden ayudarnos a efectuar una compra más segura.
Lo primero que debemos tener en consideración es el momento en el que vamos a realizar la compra. Lo ideal sería disponer del tiempo necesario, elegir la opción que mejor se ajuste a nuestras necesidades o preferencias (la tienda de barrio, el supermercado más próximo o una gran superficie), y tener la compra tan organizada como sea posible. Cuando se trata de adquirir alimentos, no debe darse el mismo trato ni el mismo orden a los congelados que a los crudos o a los transformados.
Por otra parte, antes de elegir el establecimiento donde realizar nuestra compra no está de más valorar un conjunto de detalles como el respeto a las normas higiénico-sanitarias y la disponibilidad de una información fiable y fidedigna sobre los alimentos. Ambos aspectos pueden ser decisivos para garantizar la suficiente calidad y seguridad de los alimentos que compramos.
Cuando los alimentos son crudos o han de estar refrigerados, el tiempo que debe transcurrir entre la adquisición y su almacenamiento refrigerado en casa tiene que ser el más corto posible. Como norma general, pueden tomarse las siguientes recomendaciones:
Las bolsas isotérmicas son de gran ayuda para mantener la cadena del frío
Si el alimento está congelado, puede ser seguro si la temperatura se mantiene lo suficientemente baja. Por lo habitual, es difícil conservarlos a temperatura de congelación mientras hacemos la compra, pero si el establecimiento comercial los mantiene por debajo de -18ºC, es poco probable que en 90 minutos se descongele completamente. Puede darse una rotura de la cadena del frío, pero lo importante es impedir que los alimentos se descongelen. Las bolsas isotérmicas ayudan a evitarlo.
Cuando la compra se realiza en un supermercado o gran superficie, es muy importante seleccionar el orden en el que vamos a realizarla. He aquí algunos consejos:
Mención aparte merece la adquisición de frutas y verduras. Si la compra la hacemos en una tienda pequeña o en un mercado, es evidente que nos la va servir la persona responsable de hacerlo, pero en un supermercado o una gran superficie, la situación es diferente. En estos casos se ha impuesto el autoservicio, lo que implica que somos nosotros mismos los que vamos a escoger y guardar en bolsas las piezas. Es fundamental proteger nuestras manos del contacto directo con el producto. Hay muchos consumidores que se resisten a ponerse guantes de plástico, algo que en sí mismo resulta una práctica higiénica fundamental.
Por desgracia solemos pensar que nuestras manos están limpias y que es imposible que transmitamos alguna enfermedad a otras personas, pero no es cierto. En las manos pueden hallarse bacterias procedentes de cualquier superficie, de nuestro propio cuerpo o de los animales de compañía. En cualquier caso, nadie tiene por qué aceptar comer alimentos tocados por otros. Si consideramos está práctica no sólo como una medida de higiene, sino como una muestra de respeto hacia los demás, tendremos un argumento más para que en estos alimentos la contaminación sea menor.
La elección de una tienda para proveerse de alimentos está en manos del consumidor, que baraja muchos criterios: precio y calidad de los productos, trato del personal, imagen de marca del establecimiento, proximidad al hogar, limpieza...
No obstante, además de los criterios que normalmente maneja para decidir dónde efectuará cotidianamente sus compras, el consumidor puede tener en cuenta otros aspectos, como los que se describen a continuación, directamente relacionados con la seguridad alimentaria.
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