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El modelo de evolución del mal de las vacas locas en España parece confirmar que se está todavía lejos de una situación estabilizada. Pese a ello y al poco tiempo transcurrido desde que se desencadenó la crisis, los datos acumulados permiten una primera aproximación indicativa de cual podría ser la tendencia de futuro. El análisis detallado de los números revela, asimismo, dónde y de qué modo hay que intensificar las medidas preventivas y de control.
La aparición del primer caso de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en España, el pasado mes de noviembre, encendió todas las alarmas. Tras meses de tensiones e informaciones contradictorias transmitidas a los consumidores, la muerte de la vaca Parrula, en la localidad gallega de Enxerxo, confirmó los temores que desde un tiempo atrás las autoridades sanitarias de la Unión Europea habían venido manifestando. El animal, muerto el 25 de octubre en una pequeña explotación familiar, dio positivo en los análisis priónicos, según confirmaría el 24 de noviembre el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), Miguel Arias Cañete.
La evolución seguida desde ese primer caso ha generado una sensación agridulce en el consumidor y no pocos debates sobre el alcance real de la enfermedad. Mientras que informes redactados por expertos de la Unión Europea venían advirtiendo que España formaba parte de las zonas de riesgo de extensión de la EEB, las autoridades sanitarias españolas se esforzaban en negar siquiera la posibilidad. Una vez desatada la crisis, el debate se ha trasladado a las medidas preventivas adoptadas por la Administración y al modelo de evolución de la enfermedad en nuestro país.
Hoy por hoy, y pese a disponer de un cierto número de casos acumulados, todavía no se ha hecho público ningún informe que haya sido capaz de ir más allá del recuento de análisis efectuados y de animales afectados. Sin embargo, el volumen de datos acumulados empieza a ser suficiente como para elaborar una primera aproximación epidemiológica. Por supuesto, ésta debe ser tomada con todas las reservas posibles, pero los resultados que se obtienen de los cálculos basados en las distintas variables disponibles, tienen valor estadístico, por lo que pueden ser considerados como indicadores de tendencia.
El estudio que se presenta correlaciona, entre otros elementos, el número de animales afectados por la EEB con el volumen de análisis efectuados, la cabaña de bovino existente a nivel global y para cada una de las comunidades autónomas e introduce valores relativos para cada una de las variables al objeto de establecer comparaciones fiables. Asimismo, compara los modelos de evolución británico y español con la finalidad de elucidar hasta qué punto ambos son comparables, en especial, en lo que refiere a las predicciones de posibles casos de la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeld-Jacob (vCJD, en sus siglas inglesas). Todos los cálculos se han efectuado a partir de datos oficiales.
Distribución irregular
El análisis más superficial de la evolución de la EEB en España muestra una distribución geográfica un tanto irregular y en absoluto uniforme. A fecha de hoy, se han confirmado 45 casos en el territorio español (46 si se confirma como positivo el caso detectado los últimos días en Extremadura), con especial incidencia en Galicia (21 positivos), Castilla-León (8) y Navarra (5). ¿Quiere decir ello que son éstas las áreas donde existe un mayor riesgo de extensión de la enfermedad?
Para dar una respuesta sensata en un sentido u otro, y evitar de este modo una cierta sensación de confusión al identificar el esfuerzo que realizan las diferentes comunidades autónomas para conocer el alcance real de la enfermedad, es preciso ir mucho más allá. El primer paso es considerar el número de análisis efectuados hasta la fecha.
Según datos facilitados por el MAPA, en España se han realizado hasta ahora 104.558 análisis a animales sospechosos de padecer EEB. En todos los casos, y dada la tecnología disponible, los análisis se han efectuado en animales muertos a partir del llamado Test Prionics subministrado por la empresa suiza del mismo nombre. Los análisis se efectúan en cada una de las comunidades autónomas o bien directamente en el Laboratorio Nacional de Referencia de Algete, en Madrid. A este centro es donde habitualmente se remiten buena parte de los casos sospechosos de dar positivo en el test que, posteriormente, serán confirmados por el Laboratorio Nacional de Referencia de EEB de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza.
El total de tests efectuados, de acuerdo con el censo elaborado en 2000 por el MAPA, representa el 1,75% de la cabaña de cabezas de ganado bovino españoles, cifrado oficialmente en poco más de 5,940 millones de animales. Aunque el dato no es en absoluto concluyente para determinar la evolución de la enfermedad, sí puede considerarse suficientemente indicativo como muestra de población. Por tanto, y desde un punto de vista puramente estadístico, las conclusiones que se extraigan de esa muestra, junto con sus correcciones y anotaciones, pueden darse como válidas.
En una segunda aproximación, podría parecer que Galicia (con más de 37.700 animales analizados), Castilla León (14.144) o el País Vasco (9.524) son las comunidades autónomas que mayor esfuerzo realizan en el control de la enfermedad dado el número de análisis efectuados. Sin embargo, este dato por si solo no es relevante. Hay que correlacionarlo, en primer lugar, con el número de animales que hay en cada una de las comunidades. Si tenemos en cuenta estas cifras y calculamos el porcentaje de animales analizados, podemos apreciar cómo la comunidad que más análisis está realizando en relación a su cabaña bovina es Canarias (5.4% del total analizado), seguida por Madrid (4.6%), País Vasco (4.4%) y Galicia (3.3%). En el extremo contrario, Extremadura, Cataluña y Aragón han analizado menos del 0,5% de su cabaña bovina.
Salvo Baleares, Cataluña y Extremadura, en todas las comunidades en las que se han presentado casos positivos, la confirmación ha llegado tras haber analizado aproximadamente el 1% de su cabaña. En consecuencia, hasta que no se llegue a este porcentaje, difícilmente puede preverse la evolución de la EEB en la zona considerada.
En aquellas comunidades autónomas con más del 1% de los animales analizados sin que hayan aparecido casos positivos, es probable que la incidencia de la EEB vaya a ser baja, aunque habrá que esperar forzosamente a ver la evolución durante este primer año. En cualquier caso, cuando el porcentaje supera ampliamente este 1%, sí que podemos empezar a considerar la situación por diferentes comunidades. El porcentaje, aunque parezca reducido, representa un elevado número de animales. Desde el punto de vista estadístico, de nuevo, la muestra es significativa.
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