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Expertos españoles, británicos, irlandeses y franceses han participado en el proyecto europeo FOODSAFE, cuyo objetivo es desarrollar un equipo (biosensor) de alta sensibilidad que permita la detección rápida de clorofenoles y cloroanisoles en toda la cadena de producción de alimentos líquidos, sobre todo de vinos, zumos de frutas y agua embotellada.
El proyecto, presentado por la Fundación Azti, dedicada al desarrollo del sector pesquero y agroalimentario, entre otros, trata de dar respuesta a la creciente demanda de la industria alimentaria de disponer de sistemas de monitorización y control de sus materias primas, procesos y productos. Los expertos aseguran que los beneficios de este sistema serán cuantiosos ya que facilitará a las industrias de bebidas un dispositivo de medida para detectar la fuente de contaminación en lugares de producción.
Todo ellos asegurará la calidad de los productos analizados y reducirá las pérdidas económicas derivadas de la producción. También los consumidores serán parte beneficiada ya que queda garantizada la calidad de los productos. Está previsto que Azti presente en los próximos meses el prototipo de biosensor al sector vitivinícola dentro de unas jornadas de difusión del proyecto.
Actualmente la técnica para detectar los compuestos citados se hace a través del sistema de percepción sensorial humano, particularmente sensible a la hora de detectar estos compuestos en los productos alimenticios. Según informa Azti, un panel de catadores es capaz de detectar un valor menor al de una millonésima parte de un gramo en un litro de vino, zumo de fruta o agua, que aportan a los alimentos un sabor desagradable.
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