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Las nuevas regulaciones gubernamentales emitidas por EEUU obligan a incluir en las etiquetas de todos los alimentos envasados la cantidad contenida de grasas trans, una de las más perjudiciales. Estas grasas ocluyen las arterias y se encuentran en las grasas animales, que van desde la carne hasta la mantequilla.
El nuevo requerimiento, que entrará en vigor en enero del 2006, obliga así a incluir en las etiquetas de los alimentos cárnicos la cantidad de los denominados ácidos grasos-trans, un componente de la grasa que se hallan en las grasas animales. Estas sustancias pueden hacerse también sintéticamente cuando los procesadores de alimentos endurecen la grasa para hacerla más densa, como mantequilla, en un proceso llamado hidrogeneración.
Los alimentos que deben especificar la cantidad de estas grasas son la carne, la leche, las galletas y las papas fritas, en los que aumentan el colesterol, especialmente el colesterol LDL o "malo". "Las grasas trans son grasas malas. Cuanto menos grasas trans coma uno, más saludable", asegura Tommy Thompson, secretario de Salud de EEUU.
Se trata, asegura Thompson, de una de las primeras medidas en cuanto a regulaciones sobre etiquetado de alimentos y aspectos de nutrición. Las condiciones normativas actuales en EEUU no permiten actualmente conocer con seguridad si un alimento contiene grasas trans, según informa la CNN.
Algunas empresas como la de las patatas fritas Frito Lay y la multinacional Kraft ya que han comprometido a rebajar el contenido de estas grasas. Otra de las grandes empresas, McDonald's, que se comprometió hace un año a cambiar el aceite con el que fríe las patatas y hamburguesas, ha reconocido recientemente que aún está "haciendo pruebas".
Uno de los objetivos de esta medida es, según los responsables sanitarios estadounidenses, reducir el nivel de obesidad entre los consumidores del país, uno de los principales problemas de la población de EEUU. Asimismo, se pretende reducir el porcentaje de ataques de corazón que, según un estudio realizado a nivel nacional, ha aumentado un 50% entre los pacientes que consumían grasas trans en gran cantidad.
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