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La posibilidad de que la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) pueda haberse transmitido en pollos aumenta después de que se hayan identificado proteínas de bovinos en pechugas de pollo, según ha informado la autoridad de seguridad alimentaria de Irlanda.
La alarma se ha desatado de nuevo en el Reino Unido tras detectarse en filetes de pollo proteínas de ganado bovino de carne procedente de Nueva Zelanda. Los servicios veterinarios británicos han analizado 30 muestras de carne aviar procedente de Irlanda, lo que ha permitido detectar en siete de ellas DNA de ganado bovino. Los expertos aseguran que la industria aviar utiliza agua y varios aditivos como proteínas de la leche a través de un proceso denominado hidrólisis.
Este proceso extrae las proteínas de los animales pero no destruye los priones asociados con la encefalopatía espongiforme bovina y su variante humana, según los expertos. Wayne Anderson, especialista en ciencia de los alimentos de la agencia irlandesa confirma la posibilidad del riesgo de que la EEB pase a los pollos adulterados. "De momento se trata de un riesgo teórico, aunque la presencia de proteínas de bovino en pollos es un tema de preocupación", asegura Anderson.
Las autoridades sanitarias británicas aseguran que este riesgo podría explicarse por la práctica de inyección de proteínas lácteas en las pechugas de pollo. Sin embargo, Anderson considera que aún no está científicamente probado que esto sea así. Peter Smith, presidente de la asociación de consumidores Seac también lo corrobora, que asegura que el "riesgo dependerá de dónde se destine el material cárnico", según informa el diario británico The Guardian.
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