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La OMS apuesta por mantener un debate abierto sobre los beneficios y riesgos de la nanotecnología aplicada a la alimentación
Los avances en el campo de la nanotecnología incidirán de manera más o menos directa en la industria alimentaria y podrán aplicarse de diversas maneras en los productos de consumo, según los expertos en el sector. La tecnología, que ya se está aplicando en el envasado de los alimentos precisa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se evalúen los posibles riesgos sanitarios y ambientales de los nanomateriales antes de incorporarlos a los alimentos y que se formule y aplique una estrategia de comunicación sobre la nanotecnología y los alimentos.
La nanotecnología es el diseño, producción y aplicación de estructuras, dispositivos, sistemas y materiales mediante el control del tamaño y la forma de los materiales a escala atómica y molecular, según la define la OMS. Trabaja con estructuras de menos de 100 nm de tamaño (un nanómetro es la milmillonésima parte (10-9) de un metro). El interés de esta tecnología radica en el hecho de que el pequeño tamaño conlleva propiedades físicas y químicas que difieren significativamente de las habituales a mayor escala.
Aunque las normativas vigentes de la UE son lo suficientemente amplias para cubrir las nanotecnologías existentes, actualmente están en proceso de revisión, según informa la OMS. Muchas autoridades han empezado a estudiar si sus actuales sistemas de regulación y aprobación de alimentos, cuyo objetivo es garantizar la inocuidad de los alimentos, pueden subsumir plenamente las aplicaciones de la nanotecnología relacionadas con los alimentos y los materiales de contacto con los mismos.
Cabe suponer que la evaluación de la ingestión de las nanopartículas empleadas en los alimentos se realizará con arreglo a unos procedimientos de valoración de la inocuidad similares a los que se aplican con otros tipos de material, aunque los nanomateriales pueden plantear nuevos retos. Puede que también haya que revisar algunos ensayos de toxicidad para cerciorarse de que la información facilitada para determinar la inocuidad sea pertinente y predictiva de los efectos en el ser humano.
Diversos productos nanotecnológicos ya han sido utilizados en materiales de contacto con los alimentos, aunque el tipo concreto de material y sus condiciones de uso varían de un país a otro. Sin embargo, es importante considerar el posible paso de las nanopartículas a los productos alimenticios y, en ese caso, evaluar el uso en función de la exposición prevista de los consumidores en comparación con la ingesta diaria admisible (IDA) de esas partículas.
Por otra parte, hasta ahora la mayoría de los sistemas de aprobación de los aditivos alimentarios no han considerado el tamaño de partícula del aditivo. En 2007, el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) advirtió que ni las especificaciones ni las IDA correspondientes a las otras formas de aditivos alimentarios evaluadas podían extrapolarse sin más a las nanopartículas. Las futuras normas alimentarias deberán abordar por tanto de forma más concreta esas cuestiones.
El uso de la nanotecnología varía en función de los materiales sobre los que se aplica.
Un ejemplo de aplicación indirecta de la nanotecnología en la industria alimentaria son los chips de silicio que se vienen fabricando desde hace más de dos décadas. La creciente complejidad de estos dispositivos en materia de tecnología del etiquetado abrirá nuevas posibilidades de información en los envases que serán capaces de ofrecernos toda clase de datos sobre el alimento que contienen.
En un futuro, la nanotecnología dispondrá de materiales cuyas propiedades cambiarán en función de parámetros como la temperatura, y de otros que se autorepararán en caso de rasgarse o perforarse. Otra idea innovadora es el uso de nanosensores incorporados al envase para detectar cantidades mínimas de agentes químicos, como los producidos cuando un alimento empieza a deteriorarse o se ha contaminado, y que avisarán al consumidor virando de color.
Entre las perspectivas para el futuro se encuentran los alimentos con niveles reducidos de sodio, pero con sabor salado gracias a su interacción con la lengua.
Otras posibles aplicaciones de la nanotecnología podrían derivar en alimentos funcionales capaces de aportar una cantidad apropiada de calcio a los consumidores con osteoporosis, o alimentos con nanofiltros diseñados para retener las moléculas susceptibles de provocar reacciones alérgicas. A largo plazo, podrían crearse nanosensores que detectaran el perfil individual de una persona y activaran la emisión de las moléculas apropiadas personalizando el alimento según sus gustos o necesidades.
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