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Un estudio británico concluye que la preferencia hacia un alimento u otro dependen de la experiencia vivida durante los primeros años de vida
El papel de los padres es determinante a la hora de ayudar a sus hijos a desarrollar preferencias hacia nuevos alimentos, según un estudio publicado en International Journal Obesity. Un grupo de investigadores de la University of Wales concluye que la batalla para introducir alimentos nuevos a la dieta de los niños se inicia a los 18-24 meses de vida.
La educación nutricional incluye en la mayoría de los casos el temor de los padres a introducir alimentos nuevos a sus hijos. «Es una respuesta totalmente normal», asegura David Benton, responsable del estudio. Los expertos lo denominan neofobia (temor a lo nuevo), un «mecanismo de supervivencia» y que suele aparecer cuando los niños empiezan a caminar y que los desalienta a probar alimentos nuevos. Los análisis realizados hasta ahora demuestran que no ayuda a introducir nuevos alimentos el forzar a tomarlos, «más bien al contrario». Tampoco ayuda ofrecer un alimento «como recompensa».
Rechazar alimentos nuevos es más común en el momento en el que la dieta pasa de ser líquida a sólida. Un factor determinante a la hora de introducir una dieta sana y equilibrada en la edad infantil pasa por establecer modelos de conducta similares, es decir, se trata de que los niños encuentren una referencia (padres, hermanos&) a la hora de optar por alimentos sanos.
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