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Varias empresas e industrias estadounidenses trabajan para lograr aditivos que puedan engañar al gusto. Se trata de un producto químico que debe permitir percibir azúcar o sal aunque no estén presentes. Varios expertos en seguridad alimentaria aseguran que aún es demasiado pronto para que estos aditivos puedan introducirse en los alimentos envasados, por lo que exigen más ensayos.
Algunas de las principales industrias alimentarias de Estados Unidos trabajan con expertos en biotecnología para desarrollar productos químicos que activan o bloquean las papilas gustativas. Mediante la secuencia del genoma humano, los expertos de la empresa Senomyx, en San Diego, aseguran que han logrado identificar cientos de receptores del gusto, cuyos compuestos se activan de manera que se acentúa el sabor del azúcar o la sal.
Según el diario The New York Times, los potenciadotes de la sal de Senomyx aún están en fase de desarrollo y no podrán introducirse en los alimentos hasta al menos dentro de dos años. Para Michael Jacobson, director ejecutivo del Centro para la Ciencia en Beneficio Público, "un estudio de tres meses es totalmente insuficiente", por lo que "se necesita al menos un estudios de dos años con varias especies animales".
Los responsables de las nuevas sustancias aseguran que, a diferencia de los edulcorantes artificiales, que se utilizan en proporciones de 200 a 500 millonésimas partes, ellos utilizan cantidades mucho más reducidas.
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