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La Consejería de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha ha presentado el Plan regional de actuación contra la contaminación provocada por la gestión inadecuada de los residuos orgánicos en las explotaciones ganaderas. Los responsables de la consejería aseguran que este plan optimizará los sistemas de producción del sector.
Uno de los objetivos de esta acción es colaborar con el sector para propiciar unos sistemas de producción ganadera que no incidan negativamente en el entorno. El Plan, aprobado el año pasado, ha nacido con el objetivo de optimizar los sistemas de producción ganadera de forma respetuosa con el medio ambiente y conlleva un programa de seguimiento y control de la calidad de las aguas, estudios dirigidos a mejorar el conocimiento del nitrógeno en los sistemas agua-suelo-planta, y el fomento de planes de fertilización acordes con la situación de cada explotación.
El Plan, que cuenta con el consenso de las organizaciones agrarias de la región, debe seguirse en las catalogadas como "zonas vulnerables", según una resolución de 2003, para reducir la contaminación por nitratos y que no se vean afectados los acuíferos. Castilla-La Mancha cuenta con un elevado número de explotaciones porcinas en las cinco provincias, de modo que casi el 6% de los purines de España se producen en la comunidad, afirma Rosario Arévalo, consejera de Medio Ambiente.
Para Arévalo, una de las máximas prioridades es disminuir "la problemática ambiental que representa la acumulación de los estiércoles ganaderos en las granjas o purines". Tradicionalmente, el purín se almacenaba y posteriormente se aplicaba a los terrenos de cultivo para su fertilización. Sin embargo, la acumulación progresiva de estos vertidos en una zona puede producir problemas de carácter ambiental por el exceso de nutrientes en concentraciones muy superiores a las necesidades reales de fertilización del suelo agrícola.
Para la consejera, debe ser una prioridad conseguir que el suelo quede protegido de la erosión y escorrentía, que se aumente la formación natural de la materia orgánica y, consecuentemente su fertilidad, y a su vez que se disminuya la contaminación de las aguas superficiales, se reduzcan las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y se aumente la biodiversidad.
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