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La Consejería de Agricultura y Pesca de Andalucía destina 1,25 millones de euros al Programa de Control y Seguimiento de las Condiciones Sanitarias en el Litoral Andaluz. A través de este programa se realizan análisis para garantizar las buenas condiciones de los moluscos y del agua del litoral donde se crían.
El objetivo del programa, cuyos análisis se realizan en el Laboratorio de Control de Calidad de los Recursos Pesqueros de Cartaya, en Huelva, es garantizar las buenas condiciones de los moluscos y del agua del litoral donde se crían, para lo cual se realizan controles específicos. Estos controles sirven para asegurar la salud de la población y adoptar medidas preventivas, como la prohibición de capturas, en el supuesto de que se detecten valores anormales en algunos de los parámetros examinados.
Para ello, se realiza una amplia gama de controles analíticos que incluye coliformes fecales, salmonela, fitoplancton tóxico, metales pesados, compuestos órgano-clorados, radionucleidos y biotoxinas. Según la Consejería de Agricultura andaluza, el Laboratorio de Control de Calidad de los Recursos Pesqueros de Cartaya es el único de Andalucía que realiza análisis de fitoplancton tóxico y de las tres biotoxinas marinas (PSP, DSP y ASP) en productos de la pesca, marisqueo y acuicultura.
Además de las analíticas, el laboratorio empezó a estudiar el año pasado los principales recursos marisqueros del litoral andaluz y su evolución. Con ello, se pretende obtener información sobre la localización de los recursos, índices de abundancia, composición por tallas o edades y selectividad de las artes.
La Junta de Andalucía ha podido intensificar el número y tipos de controles analíticos sobre los moluscos, crustáceos y peces, incrementándose la vigilancia de la calidad sanitaria de los productos pesqueros como exige cada vez más la Unión Europea. Por otra parte, en el Laboratorio de Control de Calidad de Cartaya se está desarrollando un Plan de Vigilancia Intensiva sobre los recursos pesqueros en la desembocadura del Guadalquivir, con el fin de evaluar las posibles consecuencias del vertido tóxico al río Guadiamar.
En este caso, se realizan muestreos periódicos sobre los moluscos, crustáceos y peces del estuario del Guadalquivir y, posteriormente, se hacen controles analíticos de metales pesados, con una periodicidad bimensual.
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