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El próximo 17 de mayo entrarán en vigor los acuerdos de la Convención de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), unas de las sustancias tóxicas más peligrosas que genera la actividad humana, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
"Esas sustancias químicas altamente tóxicas han matado o herido a personas y animales salvajes, al provocar cáncer y dañar los sistemas nervioso, reproductivo e inmunológico, además de estar en el origen de numerosos defectos de nacimiento", asegura Klaus Toepfer, director ejecutivo del PNUMA. Según el experto, al comprometer a los gobiernos a eliminar la producción y diseminación de esas sustancias químicas tóxicas, la Convención de Estocolmo pretende beneficiar a la salud humana y al medio ambiente, además de fortalecer la eficacia de las leyes medioambientales internacionales.
A comienzos de 2005 está previsto que los gobiernos celebren la primera sesión de la Conferencia de las Partes de esa Convención en Punta del Este, Uruguay. En ella los gobiernos decidirán tomar medidas urgentes, y una de las prioridades será ayudar a los países a combatir el paludismo sustituyendo el DDT por otras sustancias mucho más seguras y eficaces.
Está previsto que durante la Conferencia se cree un comité que analizará qué sustancias químicas y pesticidas pueden añadirse a la lista inicial de doce contaminantes orgánicos persistentes: aldrina, clordano, dioxinas, furanos, bifenoles policlorados, DDT, dieldrina, endrina, hexaclorobenceno, mirex, bifenilos y toxafeno. Finalmente, se culminará un manual de mejores prácticas medioambientales y mejores técnicas disponibles para reducir o eliminar las emisiones de dioxinas y los furanos de toda una serie de fuentes industriales.
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