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La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha elaborado un informe para analizar la amenaza que sufren unos 270 millones de personas que viven en las montañas de los países en vías de desarrollo y los países en transición, que sufren la amenaza de la inseguridad alimentaria.
El informe, titulado Hacia un análisis del medio ambiente y las poblaciones de las zonas montañosas utilizando SIG, contiene los resultados preliminares de un proyecto de investigación que está en curso sobre el uso de los sistemas de información geográfica (SIG) para hacer la cartografía de la pobreza y la inseguridad alimentaria. Se trata de una iniciativa conjunta financiada por el Gobierno de Noruega en la trabajan el Servicio del Medio Ambiente y los Recursos Naturales y el Servicio de Seguridad Alimentaria y Análisis de Proyectos Agrícolas. Colabora además en el proyecto el Instituto Nacional de Investigaciones sobre las Montañas (INRM) de Italia.
"Con esta publicación la FAO pretende aplicar las técnicas de los SIG para profundizar el conocimiento de las condiciones de base de la pobreza y el hambre en el mundo, con especial referencia al entorno montañoso y su población", asegura Dietrich Leihner, director de Investigación, Extensión y Capacitación de la FAO. Por el momento, la tecnología informática de los SIG ha permitido a los investigadores organizar, combinar y analizar una gran cantidad de información geofísica y demográfica. El estudio permite disponer de una imagen amplia de las condiciones ambientales, las pautas de utilización agraria y los sistemas agrícolas de seis distintos tipos de zonas montañosas.
Disponer de estos datos permite calcular el número de personas que viven en las montañas de cada uno de los seis tipos clasificados, y se ofrece información detallada sobre los diversos factores que repercuten en su vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria. El informe destaca de forma especial los medios de subsistencia de las familias rurales de las montañas, y destaca la importancia del ganado como fuente de ingresos y protección contra las temporadas de dificultad. En muchas ocasiones estas fuentes resultan por lo general poco fiables.
Los datos aportados hasta ahora por el estudio demuestran que alrededor del 78% de las zonas montañosas del mundo se considera que no son aptas, o sólo lo son de una forma marginal, para la agricultura. En los países en vías de desarrollo y en los países en transición, apenas el 7% de la superficie montañosa está clasificada como tierras agrícolas, mientras que se practica el pastorea aproximadamente en el 70% de esa superficie. En conjunto, pueblan las zonas de pastoreo de las montañas unos 336 millones de personas, que viven de la cría de ganado.
"Si bien la mayoría de los agricultores de las montañas producen cereales, la cría y la venta de ganado y sus productos derivados, como la lana, carne y queso, a menudo son las principales actividades económicas", asegura Barbara Huddleston, una de las investigadoras del informe. La experta asegura que cuando los animales están sanos y la economía ganadera es fuerte, los pastores de las montañas no están expuestos a la inseguridad alimentaria. Pero si los rebaños se ven afectados por la mala calidad de los pastizales o por enfermedades, los medios de subsistencia de esos agricultores corren peligro.
Soluciones futuras
Los expertos confían ahora en elaborar, a partir del informe, las políticas para formular las estrategias de desarrollo para atender estas necesidades. Un ejemplo sería impartiendo capacitación a las comunidades vulnerables de las montañas para la gestión sostenible de los bosques y los pastizales, y para integrar mejor la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pequeña agroindustria local. Una de las soluciones sería aprovechar los recursos hídricos locales, teniendo en cuenta que las montañas juegan un papel decisivo en el almacenamiento y distribución del agua.
"Las técnicas de análisis geoespacial que el personal técnico de la FAO ha utilizado para las montañas también se pueden aplicar a escala mundial y regional, y utilizarse para estudiar otros entornos donde la pobreza y la inseguridad alimentaria están afectando a las comunidades, comprendidas las zonas costeras y las tierras secas", asegura Jeff Tschirley, jefe del Servicio del Medio Ambiente y los Recursos Naturales.
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